VIOLENCIA REPETIDA Y PREOCUPANTE

El gravísimo episodio ocurrido en un encuentro de fútbol de una liga amateur de nuestra ciudad es una muestra más de la violencia que se encuentra enquistada en los distintos estratos sociales, casi naturalizada en algunos ámbitos.

Ha repercutido en la ciudad el serio episodio de violencia que se dio hace pocos días en un encuentro de fútbol de una liga amateur. Algunos testigos dijeron que de una discusión típica de un enfrentamiento deportivo derivó en una verdadera batalla campal, en la que un joven sufrió una golpiza extrema que le provocó lesiones muy graves. Hoy pelea por su vida en el Hospital Iturraspe.

El episodio es una muestra más de la violencia que se encuentra enquistada en los distintos estratos sociales, casi naturalizada en algunos ámbitos. En especial, parece asumirse sin ningún reparo que el deporte -y principalmente el fútbol- es en donde asoman con más frecuencia las más variadas formas de agresión. En la Argentina, esta realidad es acuciante y preocupante. Tanto que, salvo escasas excepciones, es casi imposible organizar un encuentro con las dos parcialidades.

Si esto sucede en el deporte profesional del más alto nivel, lógico resulta que en competiciones menores e incluso recreativas, los sucesos violentos se repitan también. La lógica agresiva es la misma y los factores que la originan también son similares. Por ello, no sorprende que en un cotejo amateur disputado en una cancha de barrio haya disputas que terminen en agresión, lamentablemente. Pero en este caso, la situación desbordó el límite y una persona terminó seriamente lesionada, con consecuencias aún imprevisibles aunque seguramente dolorosas.

Basta repasar el relato de la madre del joven herido para tener noción de la brutalidad del hecho. Porque si bien hubo otros jugadores con lesiones, el joven internado fue el que llevó la peor parte porque le propinaron "muchas patadas" en la parte derecha cabeza que le causaron un severo traumatismo de cráneo. "Él tuvo una convulsión después que lograron sacarle a las personas de encima y no perdió el conocimiento. Sus amigos le dijeron que lo iban a llevar al hospital y antes de ingresar volvió a convulsionar y fue ingresado en la UTI", narró su madre.

Lo que ya de por sí es una circunstancia grave para la convivencia social, se agiganta con la confesión formulada por la misma madre, en el sentido de que no hará la denuncia policial que correspondería. " Tenemos miedo que estas personas que lo golpearon vengan a casa de mi hijo o a la nuestra a tomar represalias", dijo angustiada.

Semejante afirmación acrecienta de manera notoria la preocupación. Resulta inadmisible que la víctima de una agresión brutal y salvaje no quiera o no pueda hacer la denuncia del caso ante las autoridades debido a que siente temor a represalias por parte de los mismos violentos. Es una actitud que transparenta un estado de cosas que alarma y del que están obligados a tomar nota urgente quienes tienen la responsabilidad de garantizar los derechos, las garantías y la seguridad de los ciudadanos.




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