SER QUINTERO, UN OFICIO QUE NO SE EXTINGUE Y ALIMENTA EL INTERÉS DE LA HUERTA PROPIA

El trabajo con la tierra no es para cualquiera, sino que requiere de un aprendizaje constante. En San Francisco y la región existen buenos ejemplos que demuestran que el oficio de quintero sigue vigente y suma nuevos adeptos, apoyado en los cambios de hábitos alimenticios y en los vaivenes económicos.

Los quinteros existieron siempre, por decisión personal, laboral o alternativa en tiempos difíciles. Detrás de este trabajo que requiere de maña, mantenimiento de la tierra, sembrado y regado de las semillas se esconde un oficio y hoy son muchas mujeres y hombres que no tienen prejuicios al momento de arremangarse, compenetrarse con la tierra y armar su modesta huerta.

Años atrás, cuando las casas ocupaban grandes extensiones o en los mismos campos era común ver la estructura de una quinta. En la actualidad, el oficio de huertero retornó apoyado también en los cambios de hábitos alimenticios, la reconsideración de viejas tradiciones o simplemente por tener una "quintita propia".

 

Jordán Longo asesora a otros quinteros de la zona

La luz de su oficina es el sol

Para Jordán Longo el oficio es cosa seria, de hecho pasó de arte a ciencia y ese saber lo tomó como su propia actividad laboral, donde instruye y aconseja a otros huerteros sobre cómo mantener sus quintas.

"Empecé a hacerlo en mi casa de manera personal cuando vivía en San Francisco. Después me fui a vivir a Porteña con un emprendimiento de verduras hidropónicas", explicó Jordán a LA VOZ DE SAN JUSTO.

Longo describió que la hidroponía es un tipo de actividad donde las verduras se cultivan suspendidas en una solución líquida; comúnmente este tipo de cultivo se conoce como "sin tierra".

Sin embargo, no se quedó ahí y "volvió a sus raíces". Según Jordan, "después lo empecé a hacer en tierra para vender los productos", y agregó que antes que nada "la gente tiene que estar educada porque me pasó de tener mucha verdura y que eso no sea bien retribuido".

Hoy, Longo es un promotor del programa Pro Huerta del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta) en Porteña, donde aconseja, distribuye semillas y observa numerosos emprendimientos de este tipo en el pueblo donde reside.

 

Eduardo, el quintero que tiene su espacio natural en el Hospital Iturraspe

La quinta del hospital

En uno de los rincones del predio donde se erige el Hospital "J. B. Iturraspe" está Eduardo, el quintero de este espacio natural de cultivo que está encargado de cuidarlo y esperar a que "la tierra dé frutos". La responsabilidad le llegó hace dos años y "la mayor parte de la verdura de la quinta se la lleva el Hospital", contó.

Visiblemente entusiasmado por contar detalles de su arte, Eduardo comentó en qué consiste: "Se compra la semilla, se la tira al voleo y la tapamos, luego se lo riega. Es algo que tranquilamente cualquiera puede hacerlo en casa. Una vez que todo se acomodó sólo se tiene que mantener, darle humedad y sacarle los yuyos a la verdura", añadió.

En la huerta del Hospital se pueden ver crecer en los canteros plantas de lechuga, rúcula, rabanitos, apios, puerros, pimientos, berenjenas y espinacas, acompañadas en el fondo por dos plantas de bananas.

 

Los chicos también se animan a trabajar la tierra. En la escuela Iturraspe trabajan desde hace años con un proyecto

En la escuela también

Los chicos también se animan a trabajar la tierra. Los estudiantes de sexto grado de la escuela Iturraspe, desde hace algunos años llevan adelante la manutención y sembrado de verduras en la huerta que ocupa la esquina de las calles Alberdi e Independencia.

En la actualidad, Guadalupe Acosta y Juan Ignacio Orellano realizan durante las clases de Ciencia de la jornada extendida este proyecto y contaron la experiencia.

"Cuando empezamos las clases, al principio hicimos más canteros para plantar más verduras y legumbres, como remolacha y arvejas. Trabajamos los dos sextos pero en distintos días y vamos una vez a la semana", describió Guadalupe, que cursa su último año de la escuela primaria en el turno tarde.

Su tarea abarcó trabajar con el abono que les dieron en el colegio ya preparado, lo mismo que las semillas que sembraron en el lugar. A la niña le "encanta" la actividad y tener la posibilidad de mantenerse en contacto con la tierra y la naturaleza.

Juan Ignacio Orellano, que cursa sexto grado por la mañana, dio más detalles sobre el trabajo de campo: "Primero mojamos la tierra, limpiamos toda la basura que quedaba e hicimos los surcos, separamos para hacer los canteros y con el rastrillo corrimos la tierra, recién ahí pusimos las semillas y las tapamos con la tierra de nuevo, después regamos y ahora estamos esperando que crezcan", contó y agregó que en su caso esperan obtener espinacas, zanahorias y lechuga manteca.

Ser quintero fue el oficio de los abuelos, el hobby de otros tantos, la terapia de muchos. Y aun cuando pase el tiempo sigue estando vigente independientemente de cual sea la motivación detrás de un acto tan simple como preparar la tierra, esparcir semillas, mojar y luego "cultivar la paciencia".

 

Una vista aérea de la huerta del Hospital Iturraspe 

¿Cómo lograr que la huerta progrese?

 Jordán Longo considera que la huerta requiere del empleo de "muchas personas para que sea redituable como actividad económica", además de tener que "trabajar duro" para que luego rinda sus frutos.

"Mi consejo es trabajar pero también leer mucho para aprender. La huerta no tiene vueltas pero hay que nutrir el suelo para que dé frutos, hay que darle de comer. Todos siembran pero cada tanto hay que darle de comer a la tierra", sentenció.

Asimismo alentó a los vecinos a realizar este tipo de actividad: "Anímense a sembrar, y demanden productos agroecológicos para fomentar alimentos sanos, pero también apoyen a los pequeños productores para que cada vez seamos más", pidió.

Para quienes deseen empezar con un emprendimiento como este, el Inta San Francisco, cuya sede está en la Sociedad Rural, reparte kits de semillas en forma gratuita según la época del año en que se retire.

Esta colección puede cultivarse en un patio común de hasta diez metros por diez metros o para las denominadas huertas verticales o en maceta y su cantidad alcanza para el consumo familiar. La iniciativa surge del programa Pro Huerta.




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