PROTECCIÓN DEL EMPLEO

Los argentinos, expertos en atravesar tormentas económicas de magnitud, conocemos de sobra los perjuicios de la carencia de oportunidades laborales. Proteger el empleo es, en este tiempo, una premisa prioritaria.

Se publicó recientemente en estas páginas un relevamiento realizado por una plataforma digital que provee servicios de contratación de personal en la que se señala que más de la mitad de las 100 empresas que participaron de una encuesta planea mantener su dotación de empleados. El estudio sobre las expectativas de empleo reunió a un centenar de firmas de San Francisco, Rafaela, Sunchales, Esperanza y Villa María, la mayoría Pymes del rubro comercial y de servicios

Al dato anterior se suma que además, un 14,3% de las empresas consultadas informó que estiman incorporar nuevo personal. Como contrapartida, un 11,9% manifestó que reducirán puestos de trabajos y un 16,7% aún no tiene precisiones respecto a qué decisiones tomará en esta materia, resultado de la alta incertidumbre respecto a la performance de la economía en general.

Los números arrojados por el sondeo colocan entre paréntesis a las visiones apocalípticas respecto del futuro de la producción nacional en los primeros meses del año. Pero no despejan totalmente la vacilante realidad que se observa frente a uno de los problemas centrales de la vida de la gente: la posibilidad de acceder al trabajo. En este contexto, es significativo que casi tres cuartas partes de empresas pequeñas y medianas de la región hayan manifestado que procurarán, al menos, mantener la cantidad de empleos. Sin embargo, los nubarrones amenazantes siguen apareciendo, en especial en algunos rubros que no vislumbran perspectivas de recuperación inmediata.

Es una realidad que la inflación, la devaluación brusca de la moneda y las irresolutas maniobras del gobierno nacional en materia económica han generado una caída profunda de la actividad productiva. Esto trae aparejado, en todos los casos, una reducción de las proyecciones que las empresas hacen respecto del futuro cercano. Y, lógicamente, la situación influye en lo laboral.

La caída de los puestos de trabajo o la imposibilidad de crear nuevos aparecen siempre como números estadísticos y dan cuenta de realidades momentáneas que fluctúan de acuerdo a los vaivenes destemplados de la economía. Sin embargo, es preciso reflexionar que detrás de esos porcentajes hay personas, familias, que padecen las restricciones del mercado laboral. La destrucción del trabajo genuino tritura las esperanzas, los anhelos, las ansias de progreso de muchos. Y quienes tienen la suerte de seguir poseyendo su puesto de trabajo miran con estupor lo que puede llegar a suceder si las variables económicas siguen en el tobogán. Cuando reina la incertidumbre, el miedo se hace presente, el resquemor se acentúa y las preocupaciones están a la orden del día.

Por ello, si bien resulta auspicioso el resultado del sondeo publicado por este diario hace pocos días, es preciso insistir en que sin generación de puestos de trabajo no hay posibilidad de recuperación social. Los argentinos, expertos en atravesar tormentas económicas de magnitud, conocemos de sobra los perjuicios de la carencia de oportunidades laborales. Proteger el empleo es, en este tiempo, una premisa prioritaria.




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