MUJERES QUE SE ANIMAN A “CORTAR” CON LOS PREJUICIOS

Noemí Angulo y Valentina Lizardo no piensan en el qué dirán a la hora de trabajar de cortadoras de césped, una actividad que creció en el último tiempo y que en su mayoría la realizan hombres.

Por Ivana Acosta

Cortar el pasto como una salida laboral ante la crisis fue ganando adeptos a lo largo de estos últimos años. La crisis económica tiene mucho que ver en esto y ya no pasan desapercibidos aquellos que se mueven por la ciudad con motoguadañas o bordeadoras en la mano. 

Aunque en la mayoría de los casos se trata de hombres, desde hace un tiempo a esta parte este oficio sumó también al sexo femenino. Durante la semana, una mujer de la localidad de Laferrere, en Buenos Aires, realizó un posteo en Facebook que se viralizó rápidamente. ¿El motivo?, contó que cortaba el pasto para darle de comer a sus hijos.  

Pero no hay que buscar tan lejos ejemplos como este.

Noemí Angulo (34), quien llegó de La Para - localidad de donde es oriunda - a nuestra ciudad con sus tres hijos es una trabajadora de este rubro en nuestra ciudad. Si bien tenía trabajo en La Para, su deseo de progresar y salir adelante la trajo a San Francisco. 

Lo mismo ocurre con Valentina Lizardo, una adolescente de 16 años que más allá de su edad ayuda en la familia limpiando casas, cuidando niños y ahora también cortando pasto. Necesitaba tener un poco de dinero para ayudar en la difícil economía que existe actualmente y se las rebusca de esta forma. 

Sin miedo al qué dirán

Valentina y Noemí cortan el césped porque es una forma de obtener un ingreso económico y vivir con dignidad. No tienen prejuicios sobre si una labor debe ser echa por uno u otro género sino que "basta la intención de llevarla a cabo sin importar el qué dirán". 

"A mí siempre me gustó todo lo relacionado con la naturaleza. Esta ya es mi quinta temporada cortando césped. Recuerdo que empecé a trabajar con una motoguadaña que compré con el dinero de la asignación y fui ganando clientes por las recomendaciones y la confianza que tenían", relató Noemí a LA VOZ DE SAN JUSTO, cuando pudo descansar un poco entre viaje y viaje. 

En el caso de Valentina, ella empezó "para ayudar en casa", la que comparte con sus abuelos. "Siempre busco trabajos para limpiar casas o cuidar a niños, pero como no tenía nada hace poco tiempo miré que mis vecinas cortaban en sus casas, se me ocurrió que podía trabajar y hacerlo también. Después de todo si ellas podían porqué yo no", reflexionó la adolescente. 

"Vale" agregó también que "empezó hace poco tiempo" pero por el entusiasmo su familia le regaló una máquina propia para que pudiera salir a ofrecer su trabajo.

Se combina con otras tareas

Ninguna de ellas tiene este único trabajo. Valentina busca siempre alguna tarea para tener su propio dinero "poco o mucho porque algo es algo", consideró. 

En el caso de Noemí, también hasta poco tiempo atrás fue árbitro en la Liga Regional de fútbol. 

"Dejé de ser árbitro los fines de semana porque mis hijos me necesitaban también en casa y yo quería acompañarlos en esta edad que tienen. De todas maneras en el invierno cuando hay menos trabajo yo me dedico a la jardinería, a podar o sacar plantas y pintar muebles. Lo que me pidan siempre me animo", sostuvo la mujer madre de tres hijos.

La vergüenza no cuenta

Muchos las confunden con hombres cuando están vestidas con ropa apropiada para poder hacer sus labores, pero viendo la prolijidad con la que lo hacen son más los que paran a preguntar por sus servicios. 

Afortunadamente en la calle hay gente que se motiva al ver a otros, como sucedió con Valentina, pero también están los que con su mirada juzgan sin ningún motivo. 

"A veces pasa gente y me mira, o dicen que no lo harían porque les daría vergüenza. Hoy como está la situación económica del país menos hay que tener vergüenza, lo principal es ir de a poco e ir aprendiendo", expresó Noemí, a quien a veces sus propios hijos la acompañan a trabajar. Para ella no hay temor ni miedo al qué dirán "porque ese trabajo le permitió sacar a su familia adelante". 

Sus palabras tienen sentido también en las expresiones de "Vale", quien siendo adolescente eligió salir a buscar su propio dinero sin importar la mirada de los otros. Ella comentó en este mismo sentido cómo fue su experiencia y las primeras veces que tuvo un encargo para corte: "Cuando empecé me miraban, otros se reían y otros me felicitaban. Todo está en la voluntad de uno, cada uno debe hacer lo que quiera porque es tu trabajo. Si se ríen es porque no lo pueden hacer o porque buscan la vida fácil. Hoy en día si no conseguís trabajo, podés hacer cualquier cosa y con fe y voluntad todo se puede", indicó. 

Sin excusas

Para Noemí esta "temporada alta" -como la llama por la cantidad de trabajo- no es como cualquier otra. A cada uno de sus hijos no les hizo grandes cumpleaños, pero tiene una hija que está próxima a cumplir 15. 

A ella no le importa si hace 30 grados o la sensación térmica es agobiante, todo esfuerzo lo vale para que pueda regalarle la fiesta que desea: "Mi hija sueña con su fiesta, por eso esta temporada la hago a corazón porque aunque sea sencilla quiero que tenga su vestido. Trabajo todo el tiempo para que ella tenga lo que sueña. Ese es un gran logro, de hacerlo con mi trabajo y como madre me da orgullo". 

Valentina también sigue buscando formas de obtener dinero consciente de que es grande y si quiere puede ayudar en su casa, o disponer de un monto para sus necesidades. Por eso no le importa si "la gente cree que está bien o mal". Pese a todo ella eligió dar este consejo: "Todos podemos hacer todo y si lo hace un hombre, una mujer también puede hacerlo, en cualquier tarea. No importa si es albañil o trabajando en una fábrica o cortando el pasto". 

Las excusas no son parte del vocabulario de estas dos mujeres, que aun en etapas distintas de su vida, y con presentes diferentes la opción sigue siendo una: arremangarse para trabajar y ganar el poco o mucho dinero que obtengan porque solo con su propio esfuerzo logran día a día salir adelante. 




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