HABLA UNA EXMONJA ABUSADA POR UN CURA: "ME ENLAZÓ CON SU CINTO Y PUSO SU CABEZA SOBRE MIS PECHOS"

Valeria Zarza estuvo al borde del suicidio y vive en la semiclandestinidad.

Valeria Zarza es una de las monjas abusadas por sacerdotes de la Iglesia Católica. Después de haber sido la mano derecha del creador del Instituto Discípulos de Jesús de San Juan Bautista durante años, se apartó de la fe porque sus reiteradas denuncias contra la conducta del padre Agustín Rosa cayeron en saco roto.

La joven fue testigo de cómo se les negaban medicinas a integrantes de la orden gravemente enfermos mientras se destinaban fondos de donaciones a otros fines. Supo cómo Rosa recibía testimonios de novicios abusados por curas y aprovechaba para abusarlos a su vez. La congregación, que nació en Salta, se expandía por varias provincias y países y su predicamento en jóvenes de todas las clases sociales le proporcionaba a su fundador recursos considerables. Rosa se atribuía poderes especiales y se comportaba como un cura carismático. Muchas familias le confiaban sus hijos y sus bienes.

Valeria sintió con horror un día que el religioso reverenciaba sobre su pecho, enlazándola con un cinto. "Un día se saca su cinturón, lo pasa detrás de mi y me jala hacia él apoyando su cabeza en mis pechos. Yo le grito y lo empujo. Salí corriendo, me meto en una camioneta y salgo a la ruta. Ese día confirmé todo lo que pasaba", expresó. "Mi superiora me decía una y otra vez por celular que vuelva, que el pobre Padre estaba tenso, que lo entendiera, que estaba solo, que los hermanos le habían hecho muchísimo desprecio. Regresé, pero no quise subir de nuevo a su habitación".

Valeria estuvo deprimida, quiso suicidarse. La tuvieron medicada, encerrada. Cuando dejó la comunidad y decidió denunciar, la acusaron penalmente de ser abusadora sexual de una jovencita.

Vivió aterrorizada al punto de tener que abandonar la provincia de Salta y vivir semiclandestina.

Hace unos meses, Zarza publicó una carta abierta. "Necesito romper el silencio. Muchas veces sentí la necesidad de escribirles a los exhermanos y exhermanas de la comunidad. Con los que compartimos tantos años. Pero siempre volvía sobre mí, la sombra del Padre Agustín Rosa con un único pensamiento :"Si se entera, se vengará. Será peor para mí, peor para todos".

Pero,concluye " Romper el silencio es nuestro derecho. Alivia y renueva las fuerzas y es signo de salud . Porque romper el silencio nos empodera. Nos saca del lugar de víctimas para convertirnos en sobrevivientes. Nos revela que no éramos débiles y que teníamos más fuerzas de las que creíamos. ¡Entre todos, rompamos el silencio!".

Agustín Rosa, el cura acusado por Valeria y por otras víctimas fue procesado por abuso sexual y estuvo detenido. Hoy goza de un régimen que le permite ser visto en la vía pública en la ciudad de Salta y sus alrededores. Otro de los curas acusados de abusar de adolescentes, Nicolás Parma, fue recientemente.

TN




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