EL PELIGRO DE OTRA EXTINCIÓN MASIVA

Un estudio de Naciones Unidas alertó que más de un millón de especies vegetales y animales se encuentran en peligro de extinción, lo que representa una amenaza grave a los ecosistemas de los que personas de todo el mundo dependen para su supervivencia. El informe advierte sobre la devastación que podría sobrevenir. El problema es que el causante ya no será un asteroide sino nosotros.

Las conclusiones de un estudio de Naciones Unidas, llevado adelante por expertos y científicos de renombre, alertó sobre la posibilidad de que más de un millón de especies vegetales y animales se encuentran hoy en peligro de extinción, lo que representa una amenaza grave a los ecosistemas de los que personas de todo el mundo dependen para su supervivencia.

Las agencias internacionales de noticias difundieron la información basada en este informe de 1500 páginas, que parece convertirse en la mirada más detallada que existe al declive de la biodiversidad en todo el planeta y a los peligros que crea para la civilización humana. Se sostiene que sus conclusiones son desoladoras. En la mayoría de los principales hábitats terrestres, desde las sabanas de África hasta las selvas de Sudamérica, la abundancia promedio de la vida vegetal y animal nativa ha decaído un 20 por ciento o más, principalmente durante el siglo pasado. Con una población mundial de más de siete mil millones de habitantes, las actividades como la agricultura, la tala, la caza ilegal, la pesca y la minería están alterando el mundo natural a un ritmo "sin precedentes en la historia de la humanidad".

A esto se suma el calentamiento global, efecto impulsor de la reducción de la vida silvestre, de la modificación del medio ambiente en varias regiones del planeta y, por ende, los cambios bruscos que deben enfrentar animales de todo tipo que aprovecharon las bondades de la sostenibilidad climática para sobrevivir durante siglos. En este punto, se advierte que la pérdida de biodiversidad se acelerará hacia 2050, particularmente en los trópicos, a menos que los países aumenten drásticamente sus esfuerzos de conservación.

Esto último no es una actitud generalizada, en especial en los países más desarrollados industrialmente. Y requiere de liderazgos políticos que no parecen observarse a primera vista en el mundo. Por ello, el informe se transforma en una señal de alerta que debería obligar a repensar miradas y acciones en el marco de una práctica ecológica necesaria de ser incorporada a los planes y programas de las naciones como políticas de Estado.

La palabra clave es biodiversidad. Su pérdida, dice el documento, es un tema urgente para el bienestar humano, que proporciona miles de millones y miles de millones de dólares en lo que los expertos denominan "servicios de los ecosistemas". Los humedales limpian y purifican el agua. Los arrecifes de coral nutren vastas poblaciones de peces que alimentan al mundo. La materia orgánica en el suelo nutre los cultivos. Las abejas y otros insectos amenazados polinizan las frutas y verduras. Los manglares nos protegen de las inundaciones empeoradas por el aumento de los mares. Los ejemplos son contundentes: si estas situaciones dejan de existir, los peligros para la supervivencia se hacen presentes con fuerza.

De acuerdo a los estudios científicos, la última extinción masiva ocurrió hace aproximadamente 66 millones de años cuando se cree que un asteroide gigante provoco una reacción en cadena que eliminó a los dinosaurios, entre otras especies. El informe de Naciones Unidas advierte sobre la devastación que podría sobrevenir. El problema es que el causante ya no será un asteroide sino nosotros.




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